martes, 31 de mayo de 2011

"Día Internacional del Teatro"

Este pasado domingo, 27 de marzo, se celebró una vez más, y como se hace desde 1961, un nuevo Día Internacional del Teatro. Alrededor del orbe, los centros nacionales de teatro de cada país organizaron actividades conmemorativas, charlas, representaciones teatrales, foros, performances y demás bocados escénicos para darle otro empujoncito al gran carro de Tespis.

En un mundo con la piel todavía sangrante por los horrores de la Segunda Guerra Mundial, en el año 1948 se crea por iniciativa de la UNESCO el Instituto Internacional del Teatro (ITI) organización no gubernamental que ponía sobre la mesa la apuesta del arte escénico como agente de solidaridad y comprensión entre los países. Frente a la metralla y el humo, los teatreros del mundo ponían las tablas y el vuelo del telón. Y fue en el IX Congreso del ITI, celebrado en Viena, que un representante de Finlandia propuso la instauración de este día de celebración; la escogencia del 27 de marzo para tal fin obedece a que en esta fecha se hacía en París el “Festival Teatro de las Naciones ITI – UNESCO”, que reunía a agrupaciones de todo el orbe. Parte central de la celebración es la invitación que se le hace a una personalidad teatral a escribir y ofrecer el Mensaje del Día Mundial del Teatro, que se lee a los espectadores en todo el mundo justo antes de comenzar cualquier función de este día. El de este año le correspondió a la Dra. Jessica A. Kaahwa, de Uganda, dramaturga, directora, actriz, docente teatral, y activista humanitaria. Su mensaje no podía tener más vigencia. He aquí algunos extractos:

La celebración de hoy es un reflejo fiel del inmenso potencial que posee el teatro para movilizar comunidades y tender puentes. ¿Han pensado alguna vez que el teatro podría ser una herramienta muy poderosa para la paz y la reconciliación?”

“…el teatro es un medio probado de progreso y defensa de las ideas, que mantenemos y por las que estamos dispuestos a luchar cuando no se respetan, de forma colectiva. Es por tanto una farsa mantenerse callados en momentos como el nuestro, conociendo el poder del teatro, y permitir a los que empuñan armas y lanzan bombas ser los pacificadores de nuestro mundo. ¿Cómo pueden estas herramientas de alienación ser también instrumentos de paz y reconciliación?” Os exhorto, en este Día Mundial del Teatro, a reflexionar sobre esta posibilidad y a proponer al teatro como herramienta universal de diálogo, transformación y reforma social.”

Nada más que agregar salvo ¡Feliz Día Internacional del Teatro, a mis lectores y colegas!

Columna publicada el 29/03/2011 en el diario "El Nuevo País"

"Baraka"

Baraka”, vocablo marroquí que denota una expresión de saludo y deseos de buena suerte, es el santo y seña que cuatro amigos de la infancia escogieron como forma particular de saludarse. Estos amigos se han hecho adultos y cada una de sus vidas han tomado rumbos disímiles. Luego de muchos años, y con la llegada inevitable de la madurez, en retrospectiva quedan en evidencia también las esperanzas y las desilusiones.

Baraka” es una de las obras más importantes del teatro holandés moderno y su autora, María Goos, una de las figuras más resaltantes de las tablas neerlandesas. Escrita originalmente en el 2002, este texto, cargado de humor y reflexión, se pasea por la amistad que une a Pedro, Juan, Tom y Martín, poniendo sobre el tapete una visión de la condición masculina: sus valores, sus agridulces contradicciones, y su incesante búsqueda del reconocimiento, del dinero, del poder. Su versión inglesa fue estrenada en el 2004 en el Teatro Old Vic de Londres, dirigida nada menos que por Kevin Spacey. Bajo la dirección de Héctor Manrique, el Grupo Actoral 80 la estrena por primera vez en nuestro país, en su versión en español, y la sube al escenario del Teatro Trasnocho.

Pedro es un homosexual solitario que no ha logrado cuajar esa relación estable que le complete. Es también un funcionario público en el área cultural de una alcaldía. Ahora mismo, enfrenta una acusación por malversación de bienes públicos. El abogado que lleva su caso, Tom, acaba de rehabilitarse por su adicción a la cocaína y las secuelas de los muchos años de autodestrucción son física y mentalmente evidentes. Ayuda también en el caso con sus influencias políticas, Juan, economista que espera en pocos días su nombramiento como flamante ministro de Relaciones Exteriores, felicidad que contrasta con su maltrecha vida familiar. Completa el cuarteto, Martín, famoso director de teatro, pero cuyas obras, en el entender de sus amigos, son somníferas y de mal gusto.

La puesta en escena deja todo el peso de la pieza en el trabajo actoral de Javier Vidal (Pedro), Carlos Cruz (Juan), Iván Tamayo (Tom) y el propio Manrique (Martin), quienes en un espacio escenográfico inamovible, resuelven las escenas con fortaleza, desparpajo y buena química. El buen manejo del humor, no solapa la carga reflexiva que el texto deja colar. En definitiva, un montaje solvente y recomendable.

Columna publicada el 21/03/2011 en el diario "El Nuevo País"

"La Muerte y la Doncella"

En un ficticio país del tercer mundo se impone una férrea dictadura. Como en todas, la represión, el desprecio a los derechos humanos, la persecución, y la estigmatización forman parte del ejercicio del poder con una cotidianidad pasmosa. En una celda oscura y maloliente (¿puede haberlas acaso con otras características?) Paulina Escobar es torturada con crueldad, pero aún así su temple es lo suficientemente capaz de no delatar a Gerardo,su novio, editor de un periódico clandestino de fuerte oposición al régimen. Con el tiempo, el gobierno cae, y la democracia comienza su andar con paso tímido pero firme en el período de transición. Paulina y Gerardo, ya casados buscan abrirse a la vida en este país que ansía reconstruirse. Gerardo se ha convertido en un prominente abogado que encabeza una comisión investigadora de las antiguas violaciones a los derechos humanos. Una noche, por esas zancadillas del destino, en un accidente conoce al Dr. Miranda, quien lo auxilia y le lleva a casa. Una vez allí Paulina cree reconocer en la voz del visitante, el sonido de su torturador. Por haber estado vendada, la única conexión que tuvo con su agresor fue auditiva: entre los golpes y vejaciones, se erigía la voz de aquel salvaje y la melodía de “La muerte y la doncella” de Schubert, que el esbirro colocaba de fondo musical para sus atrocidades.
El título de la pieza del compositor austríaco, identifica también a una de las obras latinoamericanas más representadas en los últimos tiempos. Original del dramaturgo chileno Ariel Dorfmann, esta pieza ganadora de numerosos premios a nivel internacional, es una denuncia frontal de la tortura y una reflexión necesaria sobre la condición humana, que llega a la sala del Espacio Plural del Trasnocho, bajo la dirección de Moisés Guevara.
Estos personajes, interpretados por Antonio Delli, Claudia Nieto y Gonzalo Velutini, hilan un triángulo de conflicto en el que se ponen a prueba sus propias convicciones. Paulina, no quiere otra cosa que la venganza, aunque en su afán por lograrla pueda llegar a convertirse en aquello que odia profundamente. Gerardo, con nuevas responsabilidades, y ante el temor de lo mucho que puede perder en su nuevo status desconfía de la cordura de su mujer. Y el Dr. Miranda, sentado ahora en el banquillo de la víctima, deberá apelar a la humanidad de su agresor para salvarse.
En esta pequeña casa vive todo un país. Quizá un todo un continente. Los conceptos de justicia y deber, se acomodan a conveniencia. Siempre hay argumentos aparentemente sólidos para el oprobio. ¿Venganza o justicia? ¿Borrón y cuenta nueva? ¿Olvido? ¿Memoria?

La obra publicada originalmente en 1991, fue llevada al cine en 1994 nada más y nada menos que por Román Polansky y protagonizada por Sigourney Weaver, Ben Kingsley y Stuart Wilson. Acá en el Trasnocho estará en cartelera hasta el 03 de abril.

Columna publicada el 14/03/2011 en el diario "El Nuevo País"

"Mi vida por un sueño"

Poesía y teatro, si es que acaso uno y otro no son en esencia lo mismo, se conjugan en el escenario para desnudar el alma de uno de los escritores venezolanos de mayor trascendencia en nuestra historia literaria: José Antonio Ramos Sucre. Este descendiente del Gran Mariscal de Ayacucho cargó sobre sus hombros el peso de un linaje que le imponía cubrir las expectativas que la historia patria le inoculaba desde la placenta, lo que para un niño que sólo quería jugar se convertía en una especie de pequeño infierno. De adulto, un desorden nervioso le lleva a sufrir de prolongados y dolorosos períodos de insomnio. Era común verlo deambular por las calles de su ciudad como un fantasma silencioso en las madrugadas. Su poesía resultaba avanzada para su tiempo, fue uno de los primeros venezolanos en escribir poesía en prosa. Sus escritos no podían enmarcarse dentro de una corriente específica. Hoy quizá resistan el encasillamiento de “vanguardista”. Su pensamiento percibía el entorno intelectual venezolano de su época como mediocre y conformista. Estando en Ginebra, pocos días después de cumplir cuarenta años, se suicida son una sobredosis de Veronal. Muchas décadas después su trabajo obtendría el reconocimiento que en vida no supo comprender la camada erudita de su tiempo.

Un tocayo, José Antonio Barrios, explora en “Mi vida por un sueño” el lado humano del poeta y presenta una obra de marcado lirismo imbuida de los tormentos y vivencias del cumanés. A su vez, el director Costa Palamides, toma esta pieza ganadora del Premio Único del I Concurso de Dramaturgia Breve Gilberto Pinto 2008, y le da vida con una puesta en escena de marcado carácter ritual acercando al espectador al universo de Ramos Sucre desde una superposición de planos. Con una disposición de espacio bifrontal, Palamides se hace de lo onírico, lo real, y lo espiritual para “desvestir la doble mirada del autor-actor en un reino de pesadillas fantasmales”. Cantos orientales venezolanos se funden imperceptiblemente con rasgos propios de la liturgia medieval y bizantina. Coro y Corifeo, espíritus de antepasados, metáforas hechas personaje transitan en esta producción del grupo Rajatabla que se mantendrá en su sala hasta el próximo 27 de marzo en el marco de la II Muestra de Dramaturgia Nacional y siguiendo la celebración de sus cuarenta años. ¡Que las velitas continúen encendidas!

Columna publicada en 07/03/2011 el diario "El Nuevo País"

domingo, 27 de marzo de 2011

"Tu país está feliz"

Se cumplen ya cuarenta años (no tiemblen que no vamos a hablar de la IV, mucho menos de la V) de la siembra de una semilla que germinaría en la agrupación teatral venezolana de mayor resonancia en el siglo XX. El autor carioca Antonio Miranda, reflejaba en un poemario su visión de la juventud venezolana de aquellos años setenta, días en los que todavía resonaban los ideales marxistas, las melenas hippies, y el espíritu de la revolución del 68. Con un papel colocado en la puerta de la biblioteca “Paul Harris” (que todavía existe en La California) Miranda convocó a músicos, actores y compositores a sumarse al proyecto de representar su poesía. Acudió, entre otros, el músico venezolano Xulio Formoso. Más tarde, luego de algunas lecturas, alguien asomó el nombre de Carlos Gímenez, un joven argentino que para ese momento montaba en el Ateneo de Caracas una obra de Miguel Otero Silva. Una vez leído el poemario, Gímenez decidió aceptar de inmediato el reto de llevar a escena la lírica vigorosa del inquieto brasileño. Se le sumaron textos al original, se añadió la música de Formoso y el 28 de febrero de 1971 se estrenaba “Tu país está feliz”, una pieza pensada para tres funciones y que hasta la fecha lleva más de dos mil. De esa experiencia nacería “Rajatabla”, sin duda un nombre que dentro y fuera de nuestras fronteras lleva como apellido el teatro venezolano.

Ocho actores, sin más herramientas que sus cuerpos, cubos forrados en papel periódico como artilugio escénico que se mueve y transforma, veintiséis poemas y catorce canciones integran la puesta en escena original de Carlos Giménez para quién esta propuesta era Un violento y maravilloso grito de rebeldía, de sangre joven y útil, dispuesta a la lucha, a la batalla diaria y consecutiva por seguir creyendo cada día en el día que viene. Es comprensible entonces que este grito se haga canto y sumen a él las voces de jóvenes que sienten al teatro y al arte como “un acto de amor”. (Más vigencia y pertinencia actual, imposible). Los desnudos -inusuales en el teatro venezolano hasta esa época- que el director, bajo justificación del texto mostró, escandalizaron y emocionaron. Germinaba una era dorada para nuestras tablas.

Para celebrar este arribo a su edad madura Rajatabla repone la puesta en escena de su fundador, esta vez bajo la dirección de José Domínguez y la producción de Francisco Alfaro (actor de la puesta original) durante tres funciones los días 28 de febrero, 01 y 02 de marzo en la Sala 1 del CELARG.

Una oportunidad para acercarse al legado de Giménez y ver “la pieza que toda una generación amó”.

Columna publicada el 28/02/2011 en el diario "El Nuevo País"

"Teatro de Cerca"

Aunque este espacio está principalmente dedicado a contar lo que está ocurriendo en las tablas locales, con algunos acercamientos -cuando las circunstancias así lo permiten- a la actividad teatral que se hace en el interior; en esta oportunidad voy a estirar un poco la cuerda para echar el cuento de una experiencia que desde hace unos años está alcanzando una buena cantidad de aplausos.

Por allá por tierras ibéricas, en la capital catalana para ser más exactos, la agrupación Teatro de Cerca anda desde 2005 literalmente con sus cachivaches encima, de casa en casa, llevando espectáculos teatrales a domicilio, de ahí el nombre del colectivo. El telón, los bastidores, y el escenario son sustituidos por las cortinas, el baño y el sofá de la sala, ofreciéndole a quién lo solicite una experiencia teatral de primera mano. El formato es sencillo: un par de actores o actrices representan alguna pieza especialmente escogida para apegarse a la propuesta espacial, y allí, entre relajados tragos y tertulia, rodeados de un grupo de amigos invitados por el anfitrión (generalmente se pide un mínimo de quince espectadores), se despliega esta manera única de vivir el teatro.

“La ceniza” escenificada por dos actores y “La Carcoma” interpretada por dos actrices, ambas escritas y dirigidas por Quique Culebras, fueron las primeras obras que estrenaron bajo esta modalidad hace más de un quinquenio, y aunque la agrupación tiene en su haber también piezas para escenario, no dejan de lado esta idea que tantas satisfacciones les ha dado. “Esta es la experiencia teatral más intensa de toda mi vida, aquí el público no puede engañarte, ni aunque se lo propusiera”, declaraba al diario español “La Vanguardia” Oriol Grau, uno de los actores fundadores, cuando apenas tenían unos meses de recorrido.

Experiencia escénicas similares se dan en Francia, y entiendo que en los pasados años ochenta tuvo un cierto apogeo en ciudades como Moscú y Praga. En la misma Barcelona hubo en los años cincuenta una modalidad llamada “teatro de una noche”, que se refería precisamente a eso, a teatro de una sola vez, efímero.

¿Y cuánto puede costar contratar algo así para presentarlo en la sala de uno? Pues, he aquí que no hay un caché pre-establecido. Al finalizar la función, los actores se retiran al improvisado camerino en una de las habitaciones de la casa, y el anfitrión pasa un sombrero o una bandeja a los asistentes y lo que resulte pues, resultó. ¿Funcionaría una propuesta así por estos lares?

Columna publicada el 21/02/2011 en el diario "El Nuevo País"

"Acto Cultural"

Y he aqui que la Junta Directiva de la Sociedad Luis Pasteur (antes, Sociedad Heredia) para el Fomento de las Artes, las Ciencias y las Industrias de San Rafael de Ejido, se prepara para escenificar una pieza cuya autoría está firmada por el mismìsimo presidente de la Sociedad antes mencionada, el señor Amadeo Mier, y cuyo título “Colón, Cristobal, el genovés alucinado” da cuenta de que el reto que se autoimpuso el descubridor escondía límites que éste no podía ni sospechar. Además del autor, completan el avezado elenco los demás miembros de la insigne junta:Hermina Briceño, viuda de Petit: Vocal,Antonieta Parissí: Vocal Auxiliar, Purificación Chocano: Secretaria, Cosme Paraima: Vicepresidente; y el Secretario, Francisco Xavier de Dios, quien al inicio de la ceremonia, y obedeciendo las estrictas responsabilidades de su cargo, deposita el acta y la declara inaugurada:

- Francisco Xavier: ¡Se declara inaugurada la ceremonia!-.

E iniciada queda así, no sólo la irrenunciable labor de la Sociedad, sino también una de las obras de teatro fundamentales en la historia de la dramaturgia contemporánea venezolana “Acto Cultural”, del no menos fundamental José Ignacio Cabrujas. Héctor Manrique y su Grupo Actoral 80, llevan a escena esta pieza que como toda la obra Cabrujiana hace una radiografía de lo que somos como identidad, o como muchas veces se ha dicho, mientras buscamos identidad.

Estrenada en 1976 por el Nuevo Grupo, en las líneas de este “Acto Cultural” conviven tres planos que desde el humor peculiar de Cabrujas, apuntan todos en la misma dirección: esa risa nerviosa del espectador encubriendo el drama propio que salta desde el escenario. En un primer nivel el espectador que va a ver la obra del GA80, en realidad va a presenciar el intento de puesta en escena de la obra escrita por Amadeo Mier, difuminándose la línea divisoria entre el tiempor real y el tiempo escénico. En segundo plano, Colón y el resto de los personajes de su historia, representados por los miembros de la Sociedad, y en el tercer plano, la vida interna de éstos seis miembros que a lo largo de la pieza queda al desnudo a través del efectivo distanciamiento que Cabrujas aplica. Teatro dentro del teatro, personajes angustiados, costumbristas pero no caricaturizados, que si hoy vuelven a escena no es por casualidad. La historia de la pieza se desarrolla en la época de la dictadura Gomecista. En los tiempos de su estreno, el país flotaba en la bonanza petrolera (al parecer nuestra cíclica maldición) del primer período de CAP; y hoy día la pertinencia no puede ser justicieramente descrita, sino descubierta, sentado en la butaca, masticando lo que desde el escenario se nos lanza.

Samantha Castillo, Melissa Wolf, Angélica Arteaga, Juvel Vielma, Daniel Rodríguez y Juan Vicente Pérez conforman el joven elenco que los sábados y domingos a las 04:00pm en el Teatro Trasnocho dan vida a esta pieza, repetimos, fundamental en nuestra dramaturgia.

Columna publicada el 14/02/2011 en el diario "El Nuevo País"