jueves, 2 de febrero de 2012

"Programación IAEM Enero"


Cuando escribíamos el pasado mes de septiembre en este espacio, y con motivo de celebrarse cuarenta años de la fundación de la sala Alberto de Paz y Mateos, una breve reseña de su situación, nos embargaba la pesadumbre por encontrarse en esos momentos, sus butacas y escenario carentes de una programación escénica constante y articulada. Como allí lo señaláramos, el envión que se había iniciado con el proyecto Escena Nacional (del cual también hablamos en este espacio cuando su arranque y con las mejores expectativas), se había detenido con un golpe tan brusco como lo fue su aparición,  y sin mayores explicaciones se adormilaba otro espacio teatral -como si ya no se hubieran perdido suficientes-, siendo pues una bofetada más de las que nuestro arte dionisíaco ha llevado en los últimos años debido a algunas erróneas políticas, dizque,  culturales (más impregnadas de política que de cultura, según mi opinión personal).

Para beneplácito de los hombres y mujeres del teatro, y aún más, para el público tan necesitado de que la oferta escénica se diversifique y expanda, el inicio de este año 2012 nos sorprende gratamente con la reaparición en la otrora sala de El Nuevo Grupo de sus habitantes naturales, a saber,  los creadores, que son a fin de de cuentas sus primeros dolientes e impulsores,  con una programación llevada adelante por el IAEM (responsable actual de la sala) conjuntamente con la Red Nacional de Teatro y Circo.

Así, tenemos que el Centro Artístico TET y Teatro del Artilugio hicieron una breve temporada los días 13, 14 y 15 de enero. La primera, llevó a escena “La Tocoquera”, pieza infantil creación original de la agrupación; mientras que la gente de Artilugio, presentó algunas consideraciones “Sobre el daño que hace el tabaco”, monólogo original del ruso Antón Chéjov, bajo la dirección de Carlos Alberto Sánchez.

Este pasado fin de semana, desde el viernes 21 y hasta el domingo 22, un par de agrupaciones más tuvieron la oportunidad de mostrar su trabajo. “Los Niños de Baltazar”, una creación colectiva de Acros Producciones, a partir de una idea original de Nixon Dacosta abría telón a las 03:00 de la tarde para el público infantil. Guarro Teatro con “Oh Fermín”, texto basado en la obra “Oh Joseph” del recordado Aquiles Nazoa,  ponía a la disposición del público adulto, a las 07 de la noche, una atípica historia de romance a tono con el Teatro del Absurdo.

Para este fin de semana que viene, se anuncia a Pathmon Producciones (que están celebrando diez años, felicidades) con “Frankenstein, el juego” a partir de la famosa novela de Mary Shelley, viernes, sábado y domingo a las 03:00 pm.  El clásico “Retablo de avaricia, lujuria y muerte” de Del Valle-Inclán, a cargo del grupo Actividades Alternas subirá el viernes a las 07:00 pm y sábado y domingo a las 06:00 pm.

Aplaudimos esta reactivación, y al mismo tiempo, el mundo teatral aspira a que este impulso no responda únicamente a una coyuntura electoral, y que pueda mantenerse la vitalidad de las salas teatrales permanentemente. Hablemos de políticas serias, de una vez por todas. ¡Por los creadores, por el público!

Columna publicada el 24/01/2012 en el diario "El Nuevo País"


"Alfredo Sandoval"


Con esta final entrega de una serie dedicada a algunos de los nombres que el pasado año saltaron de iluminar nuestras marquesinas a  elevar prodigios con su arte en escenarios no terrenales, aspiramos a dejar un brevísimo pero honesto testimonio (y admiración) de la trayectoria y aportes que durante sus vidas -vidas dedicadas por entero al teatro y sus avatares- dejaron como marca y goce.

El 19 de octubre del 2011 en horas de la tarde nos dejaba Alfredo Sandoval, un  egresado de la Universidad Central de Venezuela con el título de Licenciado en Cine e incuestionable hombre de las tablas que cultivó una fructífera carrera de más de cuatro décadas como director de escena, actor de teatro, televisión, cine y doblaje, docente y locutor, que le valieron entre otros importantes reconocimientos el Premio Municipal de Teatro.

Son recordadas sus contundentes interpretaciones en obras clásicas y fundamentales de la dramaturgia universal y nacional como “Edipo Rey”, de Sófocles, “Macbeth” y “La comedia de las equivocaciones” ambas de William Shakespeare; “El Romancero” de Federico García Lorca; “El Maestro” de Eugene Ionesco; Los cuernos de Don Friolera” de Valle Inclán; “El padre” de August Strindberg; “La Charité” de Vallejo de Herrero; “Solimán, el magnífico” de Isaac Chocrón; “El exilio de Tarzán” de De la Parra, “Una luna para el bastardo” de Eugene O'Neill o “Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias, ésta última una de las más renombradas piezas montada por su casa de siempre el Grupo Rajatabla, aunque también formó parte del Teatro del Duende.
 
Sandoval imprimía a sus personajes un manejo sobrio y quirúrgico del lenguaje corporal, sumado a un firme dominio del gesto y a una claridad técnica y sentida de las habilidades vocales, conocimientos que transmitía a sus alumnos del extinto Instituto Universitario de Teatro (ahora UNEARTES) con la misma pasión y dedicación que les inyectaba en escena. Dirigió, además, teatro infantil, escolar y profesional y estuvo al frente del grupo Arte e Investigación de la Escuela de Artes de la UCV. 

A su desaparición física le sobreviven, más de ochenta obras de teatro, una treintena de telenovelas, seis películas, e incontables capítulos de series, mini series y dibujos animados a los que dio vida con su voz  

 ¡A su memoria, siempre, Maestro Sandoval!

Columna publicada el 17/01/2012 en el diario "El Nuevo País"

"A Isaac Chocrón"


En la madrugada del domingo 06 de noviembre pasado nos dejaba Isaac Chocrón y con su último aliento expiraba también una de las voces fundamentales del teatro venezolano del siglo XX. Junto a José Ignacio Cabrujas y Román Chalbaud conforma la llamada “Santísima Trinidad” que renovó lenguajes, planteamientos y estéticas de la escena nacional, e impulsó el surgimiento de un teatro que se reconocía a sí mismo como propio, que radiografiaba nuestras realidades, 

Se graduó de Economista,  hizo Maestría y Doctorado y ejerció la profesión por once años, pero lo que quería realmente hacer era teatro y escribir, y lo hizo, como dramaturgo, director, ensayista, novelista y docente. A su primera novela, "Pasaje", escrita en 1956, le sucederían obras de teatro vitales para la escena nacional como "Animales feroces" (1963), "Asia y el Lejano Oriente" (1966), "Tric Trac" (1967), "La revolución" (1971), "La máxima felicidad" (1975), "Mesopotamia" (1980), "Simón" (1983) y "Los navegaos" (2006) ganadora ésta última del Premio Municipal de Teatro. En el ámbito novelístico destacan "50 vacas gordas"  y "Pronombres personales", y en el ensayo escribió títulos esenciales como: "El nuevo teatro venezolano" (1966) y "Tendencias del teatro contemporáneo" (1968).
Fue fundador de la Compañía Nacional de Teatro, director de El Nuevo Grupo, director de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, y del Teatro Teresa Carreño. Entre los numerosos reconocimientos que obtuvo destacan el  Premio Nacional del Teatro en su primera edición y el Doctorado Honoris causa de la Universidad Central de Venezuela.

En sus obras, de evidentes ribetes autobiográficos, Chocrón diseccionaba las relaciones humanas y su tirante dinámica de agresión, en sus líneas buscaba trastocar los convencionalismos hasta el punto de desacralizar a los héroes patrios o bien señalar cuestionables conductas colectivas. Su tesis de la “familia elegida”, esa que uno se construye y cultiva, a diferencia de la que por genética y sangre le corresponde, lo identificó a lo largo de su vida dramatúrgica y personal,

“Me da lo mismo la aventura en la que me he metido: sea teatro, novela o ensayo. A lo que sea, le impongo el mismo rigor: lograr el ritmo. Sigo al pie de la letra el consejo que Hamlet le da a los cómicos: ‘Que la acción corresponda a la palabra, y la palabra a la acción”. 

¡Aplausos por siempre, insustituible Maestro Chocrón!

Columna publicada el 10/01/2012 en el diario "El Nuevo País"

Gilberto Pinto


Luego de la obligada pausa festiva, retomamos nuestras líneas para seguir, tal como lo expusiéramos en entregas anteriores, brindando un breve pero merecidísimo homenaje a algunos de los teatreros que durante el 2011 abandonaron estos escenarios terrenales, para seguir deslumbrando con sus artes en otros planos en los que la carne y los huesos no son ya prisión.

Gilberto Pinto, nos dejó tras una feroz y firme batalla en contra de la enfermedad el 07 de diciembre pasado. "La vagancia me llevó a la escena”, dijo alguna vez refiriéndose a cómo fueron sus inicios . Hojeando un ejemplar de El Nacional abandonado en una mesa de billar, descubrió unos cursos de capacitación teatral dictado nada menos que por el maestro mexicano Jesús Gómez Obregón. La curiosidad y lo desocupado le llevó a asomarse por aquellos lares, sin tener ningún interés real por el teatro, pero lo que vio le gustó, y el gustico le duró por el resto de su vida. Con una carrera de más de sesenta fructíferos años como docente, dramaturgo y director, Pinto despuntó en nuestros escenarios con una temática siempre comprometida con lo social, con la crítica frontal y sin concesiones. Nunca creyó en el teatro de evasión. Su agrupación “Teatro del Duende” arrancó en los años 50 con una firme posición contestataria y antidictatorial. Con esa visión de un teatro para la toma de conciencia, concibió piezas fundamentales como “El hombre de la rata”, “La noche moribunda”, “El peligroso encanto de la ociosidad”,  “Los Fantasmas de Tulemón”, “La guerrita de Rosendo”, “La visita de los generales” entre tantas otras. Los ensayos  "Reflexiones sobre la condición y la preparación del actor", "Gómez Obregón y su época", "El texto teatral, notas y contranotas para jóvenes dramaturgos", dan cuenta también de sus tesis y posiciones sobre el arte teatral. Como pedagogo vertió sus conocimientos en las aulas de los más importantes centros de educación escénica del país. El cine, la radio y la televisión también contaron con su labor de actor y director. En 1999, obtuvo el Premio Nacional de Teatro, uno de los tantísimos reconocimientos que realzaron su trayectoria.

De sus 82 años de vida consagró la mayor parte a sus dos grandes pasiones: el teatro y su esposa, la actriz Francis Rueda, quién ha mantenido su voz activa en las redes sociales publicando en los últimos tiempos los pensamientos de auténtico revolucionario de Pinto quién no cedió nunca en su espíritu crítico  y cuestionador: "¿Cómo que no vamos a estar metidos en la política si el teatro es política? Cuando tú montas una obra comercial, insulsa, estás haciendo política, te estás poniendo de acuerdo con la idea de que este país está bien y no hay más nada que hacer"

¡Bravo por siempre, Maestro Pinto!

Columna publicada el 03/01/2012 en el diario "El Nuevo País"

"Francisco "Paco" Alfaro


Estas últimas columnas del año queremos dedicarlas al recuerdo, como homenaje, de algunas de las figuras emblemáticas de nuestro teatro que en estos últimos meses bajaron su telón en este escenario tumultuoso que se llama vida.

Francisco “Paco” Alfaro formaba parte de ese  pequeño grupo de jóvenes que bajo la dirección de Carlos Giménez reventaron el status quo teatral venezolano, por allá a inicios de los setenta, con una pieza rebelde, incisiva, poética: “Tu país está feliz”.  Con esa experiencia nacía el Grupo Rajatabla y con él una nueva visión escénica que a la postre se convertiría en referencia innegable del teatro venezolano en el siglo XX. 

La agrupación ha llevado a escena más de cien espectáculos, la mayoría de autores criollos, y desde el arranque, y en cada una de ellas Paco Alfaro estuvo presente aportando sobre y detrás de las tablas. “Señor Presidente”, “Bolívar”, “Cuando quiero llorar no lloro”, “El Coronel no tiene quien le escriba”, “La muerte de García Lorca”, entre otras piezas icónicas de la compañía en sus cuarenta años de historia contaron con su participación activa, tanto como actor, como productor y gerente. Con la muerte de Gimenez en el año 92, asume la dirección general de Rajatabla, y durante  casi dos décadas se empeñó en mantener a flote ese barco, que peleaba ferozmente con el fantasma y ausencia de su creador.

 Lidió con los años, quizás, más trágicos económicamente hablando de la agrupación y buscó formas de mantenerla activa en giras nacionales e internacionales. Creó y llevó adelante la I y II Muestra de Dramaturgia Nacional buscando proyectar el trabajo de los autores criollos. Fue un firme defensor del Taller Nacional de Teatro, baluarte del Rajatabla en la formación de las nuevas generaciones de intérpretes, que hasta la fecha ha egresado más de veinte promociones de actores y actrices.

Este mismo año, y ya convaleciente de un cáncer de próstata, se mantuvo al frente de las giras, temporadas y actividades  para celebrar los cuarenta años del grupo. Paco era el último sobreviviente de aquellos visionarios fundadores del Rajatabla y dedicó íntegramente su vida al teatro hasta el 25 de julio de 2011 cuando sucumbió a la enfermedad con la que venía batallando desde hace tiempo. El mundo teatral venezolano perdió esa mañana- solo físicamente-  a uno de sus hombres más activos y fundamentales. Su nombre siempre estará ligado al desarrollo contemporáneo de nuestras tablas y a un legado que sigue- y promete seguir- latente en nuestros escenarios. ¡Aplausos Paco!

Columna publicada el  20/12/2011 en el diario "El Nuevo País"