jueves, 2 de febrero de 2012

"Alfredo Sandoval"


Con esta final entrega de una serie dedicada a algunos de los nombres que el pasado año saltaron de iluminar nuestras marquesinas a  elevar prodigios con su arte en escenarios no terrenales, aspiramos a dejar un brevísimo pero honesto testimonio (y admiración) de la trayectoria y aportes que durante sus vidas -vidas dedicadas por entero al teatro y sus avatares- dejaron como marca y goce.

El 19 de octubre del 2011 en horas de la tarde nos dejaba Alfredo Sandoval, un  egresado de la Universidad Central de Venezuela con el título de Licenciado en Cine e incuestionable hombre de las tablas que cultivó una fructífera carrera de más de cuatro décadas como director de escena, actor de teatro, televisión, cine y doblaje, docente y locutor, que le valieron entre otros importantes reconocimientos el Premio Municipal de Teatro.

Son recordadas sus contundentes interpretaciones en obras clásicas y fundamentales de la dramaturgia universal y nacional como “Edipo Rey”, de Sófocles, “Macbeth” y “La comedia de las equivocaciones” ambas de William Shakespeare; “El Romancero” de Federico García Lorca; “El Maestro” de Eugene Ionesco; “Los cuernos de Don Friolera” de Valle Inclán; “El padre” de August Strindberg; “La Charité” de Vallejo de Herrero; “Solimán, el magnífico” de Isaac Chocrón; “El exilio de Tarzán” de De la Parra, “Una luna para el bastardo” de Eugene O'Neill o “Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias, ésta última una de las más renombradas piezas montada por su casa de siempre el Grupo Rajatabla, aunque también formó parte del Teatro del Duende.
 
Sandoval imprimía a sus personajes un manejo sobrio y quirúrgico del lenguaje corporal, sumado a un firme dominio del gesto y a una claridad técnica y sentida de las habilidades vocales, conocimientos que transmitía a sus alumnos del extinto Instituto Universitario de Teatro (ahora UNEARTES) con la misma pasión y dedicación que les inyectaba en escena. Dirigió, además, teatro infantil, escolar y profesional y estuvo al frente del grupo Arte e Investigación de la Escuela de Artes de la UCV. 

A su desaparición física le sobreviven, más de ochenta obras de teatro, una treintena de telenovelas, seis películas, e incontables capítulos de series, mini series y dibujos animados a los que dio vida con su voz  

 ¡A su memoria, siempre, Maestro Sandoval!

Columna publicada el 17/01/2012 en el diario "El Nuevo País"

"A Isaac Chocrón"


En la madrugada del domingo 06 de noviembre pasado nos dejaba Isaac Chocrón y con su último aliento expiraba también una de las voces fundamentales del teatro venezolano del siglo XX. Junto a José Ignacio Cabrujas y Román Chalbaud conforma la llamada “Santísima Trinidad” que renovó lenguajes, planteamientos y estéticas de la escena nacional, e impulsó el surgimiento de un teatro que se reconocía a sí mismo como propio, que radiografiaba nuestras realidades, 

Se graduó de Economista,  hizo Maestría y Doctorado y ejerció la profesión por once años, pero lo que quería realmente hacer era teatro y escribir, y lo hizo, como dramaturgo, director, ensayista, novelista y docente. A su primera novela, "Pasaje", escrita en 1956, le sucederían obras de teatro vitales para la escena nacional como "Animales feroces" (1963), "Asia y el Lejano Oriente" (1966), "Tric Trac" (1967), "La revolución" (1971), "La máxima felicidad" (1975), "Mesopotamia" (1980), "Simón" (1983) y "Los navegaos" (2006) ganadora ésta última del Premio Municipal de Teatro. En el ámbito novelístico destacan "50 vacas gordas"  y "Pronombres personales", y en el ensayo escribió títulos esenciales como: "El nuevo teatro venezolano" (1966) y "Tendencias del teatro contemporáneo" (1968).
Fue fundador de la Compañía Nacional de Teatro, director de El Nuevo Grupo, director de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, y del Teatro Teresa Carreño. Entre los numerosos reconocimientos que obtuvo destacan el  Premio Nacional del Teatro en su primera edición y el Doctorado Honoris causa de la Universidad Central de Venezuela.

En sus obras, de evidentes ribetes autobiográficos, Chocrón diseccionaba las relaciones humanas y su tirante dinámica de agresión, en sus líneas buscaba trastocar los convencionalismos hasta el punto de desacralizar a los héroes patrios o bien señalar cuestionables conductas colectivas. Su tesis de la “familia elegida”, esa que uno se construye y cultiva, a diferencia de la que por genética y sangre le corresponde, lo identificó a lo largo de su vida dramatúrgica y personal,

“Me da lo mismo la aventura en la que me he metido: sea teatro, novela o ensayo. A lo que sea, le impongo el mismo rigor: lograr el ritmo. Sigo al pie de la letra el consejo que Hamlet le da a los cómicos: ‘Que la acción corresponda a la palabra, y la palabra a la acción”. 

¡Aplausos por siempre, insustituible Maestro Chocrón!

Columna publicada el 10/01/2012 en el diario "El Nuevo País"

Gilberto Pinto


Luego de la obligada pausa festiva, retomamos nuestras líneas para seguir, tal como lo expusiéramos en entregas anteriores, brindando un breve pero merecidísimo homenaje a algunos de los teatreros que durante el 2011 abandonaron estos escenarios terrenales, para seguir deslumbrando con sus artes en otros planos en los que la carne y los huesos no son ya prisión.

Gilberto Pinto, nos dejó tras una feroz y firme batalla en contra de la enfermedad el 07 de diciembre pasado. "La vagancia me llevó a la escena”, dijo alguna vez refiriéndose a cómo fueron sus inicios . Hojeando un ejemplar de El Nacional abandonado en una mesa de billar, descubrió unos cursos de capacitación teatral dictado nada menos que por el maestro mexicano Jesús Gómez Obregón. La curiosidad y lo desocupado le llevó a asomarse por aquellos lares, sin tener ningún interés real por el teatro, pero lo que vio le gustó, y el gustico le duró por el resto de su vida. Con una carrera de más de sesenta fructíferos años como docente, dramaturgo y director, Pinto despuntó en nuestros escenarios con una temática siempre comprometida con lo social, con la crítica frontal y sin concesiones. Nunca creyó en el teatro de evasión. Su agrupación “Teatro del Duende” arrancó en los años 50 con una firme posición contestataria y antidictatorial. Con esa visión de un teatro para la toma de conciencia, concibió piezas fundamentales como “El hombre de la rata”, “La noche moribunda”, “El peligroso encanto de la ociosidad”,  “Los Fantasmas de Tulemón”, “La guerrita de Rosendo”, “La visita de los generales” entre tantas otras. Los ensayos  "Reflexiones sobre la condición y la preparación del actor", "Gómez Obregón y su época", "El texto teatral, notas y contranotas para jóvenes dramaturgos", dan cuenta también de sus tesis y posiciones sobre el arte teatral. Como pedagogo vertió sus conocimientos en las aulas de los más importantes centros de educación escénica del país. El cine, la radio y la televisión también contaron con su labor de actor y director. En 1999, obtuvo el Premio Nacional de Teatro, uno de los tantísimos reconocimientos que realzaron su trayectoria.

De sus 82 años de vida consagró la mayor parte a sus dos grandes pasiones: el teatro y su esposa, la actriz Francis Rueda, quién ha mantenido su voz activa en las redes sociales publicando en los últimos tiempos los pensamientos de auténtico revolucionario de Pinto quién no cedió nunca en su espíritu crítico  y cuestionador: "¿Cómo que no vamos a estar metidos en la política si el teatro es política? Cuando tú montas una obra comercial, insulsa, estás haciendo política, te estás poniendo de acuerdo con la idea de que este país está bien y no hay más nada que hacer"

¡Bravo por siempre, Maestro Pinto!

Columna publicada el 03/01/2012 en el diario "El Nuevo País"

"Francisco "Paco" Alfaro


Estas últimas columnas del año queremos dedicarlas al recuerdo, como homenaje, de algunas de las figuras emblemáticas de nuestro teatro que en estos últimos meses bajaron su telón en este escenario tumultuoso que se llama vida.

Francisco “Paco” Alfaro formaba parte de ese  pequeño grupo de jóvenes que bajo la dirección de Carlos Giménez reventaron el status quo teatral venezolano, por allá a inicios de los setenta, con una pieza rebelde, incisiva, poética: “Tu país está feliz”.  Con esa experiencia nacía el Grupo Rajatabla y con él una nueva visión escénica que a la postre se convertiría en referencia innegable del teatro venezolano en el siglo XX. 

La agrupación ha llevado a escena más de cien espectáculos, la mayoría de autores criollos, y desde el arranque, y en cada una de ellas Paco Alfaro estuvo presente aportando sobre y detrás de las tablas. “Señor Presidente”, “Bolívar”, “Cuando quiero llorar no lloro”, “El Coronel no tiene quien le escriba”, “La muerte de García Lorca”, entre otras piezas icónicas de la compañía en sus cuarenta años de historia contaron con su participación activa, tanto como actor, como productor y gerente. Con la muerte de Gimenez en el año 92, asume la dirección general de Rajatabla, y durante  casi dos décadas se empeñó en mantener a flote ese barco, que peleaba ferozmente con el fantasma y ausencia de su creador.

 Lidió con los años, quizás, más trágicos económicamente hablando de la agrupación y buscó formas de mantenerla activa en giras nacionales e internacionales. Creó y llevó adelante la I y II Muestra de Dramaturgia Nacional buscando proyectar el trabajo de los autores criollos. Fue un firme defensor del Taller Nacional de Teatro, baluarte del Rajatabla en la formación de las nuevas generaciones de intérpretes, que hasta la fecha ha egresado más de veinte promociones de actores y actrices.

Este mismo año, y ya convaleciente de un cáncer de próstata, se mantuvo al frente de las giras, temporadas y actividades  para celebrar los cuarenta años del grupo. Paco era el último sobreviviente de aquellos visionarios fundadores del Rajatabla y dedicó íntegramente su vida al teatro hasta el 25 de julio de 2011 cuando sucumbió a la enfermedad con la que venía batallando desde hace tiempo. El mundo teatral venezolano perdió esa mañana- solo físicamente-  a uno de sus hombres más activos y fundamentales. Su nombre siempre estará ligado al desarrollo contemporáneo de nuestras tablas y a un legado que sigue- y promete seguir- latente en nuestros escenarios. ¡Aplausos Paco!

Columna publicada el  20/12/2011 en el diario "El Nuevo País"

lunes, 21 de noviembre de 2011

X Muestra Internacional de Teatro y Títeres en las Comunidades de Caracas

El pasado sábado 08 de octubre se inauguró la Muestra Internacional de Teatro y Títeres en las Comunidades de Caracas, evento que bajo la dirección general del maestro Alberto Ravara y la organización del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo del Arte en Venezuela arriva ya a su décima edición.

Desde su creación, y bajo la premisa de “teatro de los invisibles”, este evento ha tenido como norte llevar a los intestinos de la ciudad una abundante programación teatral desde una perspectiva plural e inclusiva. Barrios, plazas, bulevares, canchas, escuelas, refugios y hasta hospitales; así como salas establecidas y espacios convencionales, al oeste y al este de nuestra convulsionada urbe, cualquier locación es propicia para brindar un amplio menú de bocados escénicos a elegir. Llevar la montaña hasta los habitantes con menos acceso a las marquesinas y a los principales centros de actividad cultural, pero hacerlo con un teatro reflexivo y confrontacional. Teatro en su amplio sentido social. Teatro para los espectadores “invisibles” y realizado por los hacedores “invisibles”, ya que el encuentro funciona también como una plataforma para que las agrupaciones independientes puedan confrontar sus propuestas con ese público ávido.

En esta décima edición, celebrada en homenaje a Francisco “Paco” Alfaro, fundador y director de Rajatabla fallecido el pasado mes de julio, cuatro son los países invitados: desde Argentina llega la agrupación Mandrágora, el Teatro Municipal de Oncativo, el Teatro de Títeres Carátulas y la Compañía Ruben Di Mauro; desde Colombia viene la gente de El mundo al revés; desde España el Teatro Emer- Gente de Cataluña, y del Perú, Babalawos. Y junto a ellos cuarenta ocho colectivos nacionales desplegados en más de ochenta locaciones en trece parroquias a lo largo, ancho y alto de nuestra capital.

El Celarg, el recientemente reinaugurado Teatro Principal, la Sala Cadafe y la Sala de Teatro Altosf en Parque Central, son los espacios que se suman para brindar una programación que incluirá funciones de teatro, títeres, danza, arte corporal, estatuas vivientes, circo, foros, conversatorios y encuentros de la crítica especializada con los creadores, la comunidad, grupos teatrales de calle y público general. Todas las actividades son con entrada libre y la grilla puede conseguirse en www.vayalteatro.com. ¡Una vez más aplausos a IIAVE!

Columna publicada el 11/10/2011 en el diario "El Nuevo País"