lunes, 2 de agosto de 2010

"EL Marinero"

Un sonido marino, un espacio diminuto que al mismo tiempo se convierte por obra y gracia de la escena en el infinito marco del océano; un silencio, una quietud, un azul que es el del mar y el del cielo; y de pronto irrumpe la palabra... el espacio se va llenando de un verbo que, como olas va y viene, arrastrando en su ritmo pendular un sentimiento cuyo nombre no tiene traducción en español, un sustantivo que solo puede ser entendido por una raza de navegantes: “saúdade”, palabra portuguesa que define una especie de nostalgia única, que va firmemente arraigada a los orígenes, a la tierra y al mar en el que se nace. Con esa “saúdade” en la sangre escribió Fernando Pessoa -el más grande poeta portugués del siglo XX- su poema “El marinero” que bajo la dirección general de Germán Mendieta llega al espacio íntimo del teatrino del Laboratorio Anna Julia Rojas hasta el próximo 01 de agosto, como un homenaje a su fundador Horacio Peterson.

El marinero”, escrito hacia 1913 es un poema dramático en el que el autor lusitano presenta el mundo interior de tres hermanas que velan el cadáver de una cuarta, teniendo como marco la noche marina y como final inevitable la llegada de la luz del día, punto inevitable en el que la ensoñación ya no es posible. Es en definitiva un discurrir filosófico entre lo real y lo soñado, una metáfora épica con la que Pessoa se interna en los laberintos de la vida y la muerte, angustia reconocible en este autor, que en lo personal mostró su interés en lo esotérico y en el mundo de las fuerzas ocultas.

La puesta en escena ideada por Mendieta, rescata el carácter onírico del poema, recurre a imágenes que se cuelgan de la imaginación y busca mantener para el público el carácter teatral del poema. Las actuaciones de Karla Fermín, Cristina Klatt y Olivia Parra, no obstante su dedicación y pulcritud, dejan descansar los personajes –si los hay- en un evidente buen decir de la palabra, dejando una deuda interpretativa que se acrecienta con la utilización recurrente de clichés en las entonaciones, ademanes y posturas; lo que en un texto de lenguajes y sentido casi críptico, aleja al espectador de su entendimiento y disfrute pleno.


Columna publicada el 27/07/2010 en el diario "El Nuevo País"



"Crónicas Palahniuk"

Cuando se lee a Chuck Palahniuk (Washington, 1962) se asiste a una exposición de lo turbio. A su literatura se le ha tildado de provocadora, sórdida, carente de tapujos. Sus lectores lo ubican como un autor de culto y sus detractores como un pueril y estancado exponente de lo escatológico. Sea como sea Palahniuk es hoy uno de los novelistas “malditos” más populares alrededor del mundo. “El Club de la pelea” (1999), película protagonizada por Edward Norton y Brad Pitt es una adaptación que el director David Fincher hace de la novela homónima de Palahniuk, su novela más exitosa hasta la fecha. Los personajes de Palahniuk son individuos generalmente marginados, “fenómenos” que se debaten entre sus impulsos interiores y el status quo, el cual resulta las más de las veces, severamente cuestionado en el transfondo del relato.

Por otro lado, Vladimir Vera es un joven teatrero que se “caló” (en el buen sentido de la palabra, dondequiera que lo haya) los salones del extinto IUDET antes de irse a Barcelona, España a seguir en su terco empeño en hacer teatro, y lo hizo. Con su propia agrupación, Teatro Forte, y un elenco enteramente catalán estrenó en 2009 “Crónicas Palahniuk”, versión teatral de “Fantasmas”, una novela en la que el autor norteamericano reúne, en un recurso que recuerda a el “Decameron”, las historias que se cuentan unos a otros un grupo de personas aisladas de su entorno natural. Y desafiando el axioma de que nadie es profeta en su tierra (bueno, y también, confesémoslo, esperando resolver asuntos con la visa), Vera se trajo su grupo de vuelta a casa y en co-producción con el TET reestrenó, con un elenco enteramente criollo su propuesta, que va a su segunda temporada esta vez en la Sala José Ignacio Cabrujas.

La puesta en escena abre con una proyección de video-art que muestra una sucesión de imágenes, para algunos chocantes, como anticipando al espectador para lo que viene: cinco monológos a carne y palabra rasgada que nos acercan a un lado del que quizá no quisiéramos que nos hablaran, pero ya es irremediable. Temas como el materialismo, la sexualidad, la religión, la pérdida de los valores familiares, nos son lanzados, más bien escupidos, a la cara por unos personajes autodestructivos que echan mano del humor negro. Las actuaciones de María Fernanda Parra, Gabriel Aguero, Nadeschda Makaganow, Fedora Freites y Jesús Sosa resultan sencillamente equilibradas y contundentes. La dinámica de la puesta en escena sucumbe un poco al origen narrativo del texto, lo que sin ir en desmedro de la calidad de la propuesta, deja el sabor de que puede explotarse más el lenguaje y ritmo teatral . En definitiva, una buena bofetada para ser recibida los viernes y sábados a las 08:00pm y los domingos a las 06:00 pm, hasta el 01 de agosto.

Columna publicada el 20/07/2010 en el diario "El Nuevo País"

"La Casa de Bernarda Alba"

Bernarda la matriarca, la tirana, la déspota, la viuda que bajo un luto inquebrantable somete a sus cinco hijas al encierro, al aislamiento. Bernarda, el personaje, el símbolo de un poder tiránico que apoyado en su bastón pretende dictaminar, sin contraposición posible, el derrotero en la vida de quienes le rodean. “La casa de Bernarda Alba”, acaso la pieza más representada del magistral poeta y dramaturgo Federico García Lorca, es un texto que destila la inseparable sinergia poesía-teatro que caracterizó la dramaturgia de este autor, el más grande en la literatura española del siglo XX, nacido en Granada (1898) y muerto absurdamente a balazos durante la Guerra Civil Española (1936).

El Teatro del Contrajuego, bajo la dirección general de Orlando Arocha, sube a las tablas de la Sala 2 del CELARG hasta el próximo 07 de agosto una nueva propuesta de este texto de importancia universal.

El típico e impuesto silencio dominante en la casa-cárcel de Bernarda Alba se ve trastocado por la llegada de Pepe el Romano y su intención de casarse con Angustias. Pepe el Romano, nunca aparece físicamente en la pieza, pero es el catalizador de todo el drama desatado en ella.

Lorca a partir de un universo enteramente femenino, plantea con cada personaje un simbolo, un estereotipo. Angustias,la mayor, ve en su casamiento con el Romano un escape, no una ilusión. Tiene casi cuarenta años, se han apagado en ella pasiones y alegrías y aún así persiste en ella el deseo de ser libre. La menor Adela, de veinte años, encarna la rebeldía, la vitalidad. Desafía de frente el poder de su madre, lo que la conduce a un destino trágico. En el medio de ellas, Magdalena y Amelia, asumen con resignación el yugo materno. Resentimiento y tímidez son los conductores de una existencia que se presiente sin propósito. En Martirio, la frustación de una boda impedida por diferencias sociales es el amargo condimento que agria su devenir. Con la críada Poncia, se hace evidente el clasismo. Por último, María Josefa, madre de Bernarda, una anciana cuya locura le permite expresar lo que las hijas no pueden (ya lo dice el dicho “sólo los locos, los niños y los borrachos dicen la verdad”). En definitiva, todas ellas un colectivo heterogéneo que vive bajo el sofocante dominio de una sola voz, de una única presencia impuesta a la fuerza.

La tradición, el autoritarismo, el deseo de libertad, los prejuicios sociales, son algunos de los tópicos sobre los que versa el autor a través de estos personajes que en poesía, sangre y huesos son interpretados por Diana Volpe, Haydee Faverola, Antonieta Colón, Natalie Cortéz, Jennifer Morales, Carolina Torres, Ana Melo, Gladys Seco, Maritza Briceño y Gema.


Columna publicada el 13/07/2010 en el diario "El Nuevo País"

lunes, 12 de julio de 2010

"Profundo, ahora sí"

Al César lo que es del César: recordarán que hace un par de columnas atrás reseñamos la suspensión intempestiva de la temporada de la pieza “Profundo” de José Ignacio Cabrujas, a realizarse en la Sala Anna Julia Rojas de la UNEARTE. Tal decisión de las autoridades universitarias desató el malestar estudiantil y sin tapujos, gran parte de la comunidad uneartista alzó su voz de protesta. En vez de cauchos quemados y camiones de harina P.A.N. secuestrados, los estudiantes tomaron el performance, la puesta en escena, los carteles, cartas abiertas y citas célebres del teatro como armas para expresar su frustración y desacuerdo.

Lo que parecía a juicio de los afectados una sordera inicial de los “chivos de arriba” (jerga estudiantil, no mía) antes sus quejas, devino en una asamblea realizada el pasado 21 de junio y en la que participaron estudiantes, profesores y autoridades; exponiendo cada cual sus planteamientos. El resultado: las funciones de “Profundo” fueron devueltas a su hábitat natural, el escenario, y completó su temporada los días 25, 26 y 27 pasados en la Sala Anna Julia Rojas.

Al final del cuento, la “falla técnica detectada a último momento”, argumento oficial de la UNEARTE para suspender la pieza, no tenía tras bambalinas más que la firme convicción de que el montaje no tenía la calidad esperada y bueno, no era deseable ponerse en evidencia, por lo que se hacía necesario “proteger a los estudiantes y a la universidad”, como se hizo público y notorio durante la asamblea. Y digo yo, esos actores, productores y diseñadores que participaron en “Profundo” fueron formados por esa misma casa de estudios que ahora considera que, aún estando en noveno semestre y listos para graduarse, no dan la talla. ¿Reflexionar o no reflexionar?, he ahí el dilema. Y una vez reflexionado, ¿accionar o no accionar?

Pero, nada, aplausos totales para el Consejo Directivo, los estudiantes, profesores y comunidad uneartista en general quienes lograron poner sobre la mesa la utilidad implacable del diálogo, la siempre infalible poción mágica del escuchar y ser escuchado. Que sirva este episodio para rescatar a tiempo la vapuleada autocrítica, pero la real, la objetiva, la constructiva; no esa acomodaticia al estilo de “es verdad, mi defecto es querer que todo salga bien, soy muy perfeccionista, ¡demonios!”.

Columna publicada el 06/07/2010 en el diario "El Nuevo País"


"Día Nacional del Teatro"

¡Felicidades a todos los hombres y mujeres de las tablas de nuestro país en esta nueva celebración del Día Nacional del Teatro! Consta en el Libro de Actas del Cabildo de la Caracas colonial, el 28 de junio de 1600 como la fecha en la que se presenta la primera solicitud para realizar una representación teatral en estas tierras. Se trataba de una comedia a realizarse el día de Santiago Apóstol. Tomando ese hecho histórico, en 1978 el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, decreta cada 28 de junio como nuestro Día Nacional del Teatro.

Se tiene conocimiento de que, aún antes de la llegada de los españoles, los pueblos indígenas desarrollaban manifestaciones proto-teatrales generalmente ligadas a la naturaleza y a sus creencias religiosas. Para ello construían una especie de tinglado en el que a través de la pantomima, la narración y el canto sólo los hombres de la tribu (la preeminencia del macho en el orden social no es exclusividad de las llamadas sociedades desarrolladas) representaban fenómenos naturales o transmitían historias sobre los orígenes del mundo. El Chamán, con sus ritos y vestimentas especiales, constituía también una forma rudimentaria, predecesora de la representación teatral. Con la llegada de la colonización, se introduce paulatinamente la concepción española del teatro hasta alcanzar su mayor auge en el siglo XVIII.

Desde 1600 hasta este 2010, el teatro venezolano, con sus altos y bajos, ha tenido una evolución que le ha llevado a ocupar un proscenio honorífico a nivel latinoamericano. Autores, actores y agrupaciones criollas han sabido ganarse un merecido espacio en nuestro continente. Sin embargo, seguimos (y por los vientos que soplan, seguiremos) luchando con, por ejemplo, la sempiterna falta de políticas culturales bien pensadas y ejecutadas, por citar sólo uno de los problemas a los que se enfrenta este vapuleado, pero sostenido arte. Sí creo que hoy hay mucho que celebrar, pero también hay mucho que señalar y rescatar. Nuestro teatro es un sobreviviente, un soldado universal que se resiste a la mengua. “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte en el que la humanidad se enfrenta a sí misma” Arthur Miller.

Columna publicada el 29/06/2010 en el diario “El Nuevo País”

lunes, 28 de junio de 2010

"Profundo"

Al principio era la sonrisa. Haciendo el recuento necesario de lo que rondaba por las salas de teatro el pasado fin de semana para darle forma a estas líneas, me topé con un nombre imposible de pasar por alto: José Ignacio Cabrujas. Sin duda, una de las voces más lúcidas que ha dado nuestra contemporaneidad. Dramaturgo, escritor, analista como pocos de lo que somos, de lo queremos ser y de lo que no podremos llegar a ser en esta “equivocación de la historia” que es nuestro gentilicio. Revisando las ofertas se me atravesó su nombre, y casi hipnóticamente la escogencia era clara para mí:“Profundo”, en la UNEARTE, dirigida por “Pancho Salazar” y además como montaje profesional del próximo grupo de graduandos. Confieso cierta fruición por ver este montaje, creo que no exagero si afirmo que para cualquier hombre o mujer de teatro la mención de Cabrujas impone una feliz admiración, además hace mucho que no veía las letras cabrujianas trasmutadas en escena viva .

Luego fue la estupefacción. La obra se estrenó el jueves 17, yo iría a verla el viernes 18. Iría, fui, pero no la vi. Así, ¡suáz! de un solo “güamazo” resultó suspendida por las autoridades universitarias sin una mayor explicación que la aparente “falta de calidad” de la propuesta.

La sorpresa dio paso a la indignación de la comunidad uneartista. Ayer lunes podía verse en la fachada del edificio pancartas, manifiestos, cartas abiertas y performances teatrales que dejaban ver la inconformidad de los estudiantes con la medida. Algunos pedían la renuncia de la rectora a quién acusaban de irrespetuosa y de dispensar un trato despectivo hacia los reclamos.

No puedo decir nada respecto a si la evaluación de las autoridades sobre la calidad del montaje justificaba su salida intempestiva de la programación, puesto que no pude verla. Ahora, no hay que ser un “americano ilustrado” para preguntarse ¿por qué esperar el estreno de la pieza para darse cuenta de que no alcanzaba los estándares deseados? Por experiencia propia puedo decir que los montajes profesionales de la UNEARTE son (y deben serlo) revisados durante su proceso y de esas revisiones salen ajustes y recomendaciones. Pero este montaje llegó a estrenarse,es decir, se le permitió llegar a su confrontación con el público, por lo que puede resultar poco coherente llegar hasta ese punto para darte cuenta de que como que no...

También conFIÉSOLEs que siento que esto pudiera ser un pitido de alarma: el elenco, los productores, los diseñadores de este montaje van a egresar como Licenciados en Teatro, y sin embargo, la misma casa de estudios que los formó considera que no tienen el nivel para mostrar su trabajo, entonces ¿está la UNEARTES plenamente consciente de su proceso de formación? Porque son sus propios conejos los que ahora parecen habérseles quemado.

Diversas son las opiniones que se tejen alrededor de este “acto cultural”, muchas las consideraciones que se hacen por lo pasillos, algunas con más saña que otras, sin embargo, ajenos a eso esperemos que éste incidente sirva por lo menos como punto de inflexión para el espabilamiento.
“Hemos dado con la cloaca”, dice Cabrujas en boca de uno de sus personajes de “Profundo”.
Columna publicada el 21/06/2010 en el diario "El Nuevo País"

"Santana en cuatro tiempos"

La importancia de Rodolfo Santana en nuestra dramaturgia contemporánea es innegable. Su amplia trayectoria se inicia en nuestros convulsionados años 60 en el popular sector de Petare, y se cuenta que literalmente, una lluvia de piedras y tomates (por cierto, nunca dejará de intrigarme de dónde demonios consigue la gente tomates en una obra de teatro) le harían reflexionar sobre el rumbo que debía seguir su trabajo. A la propuesta de presentar en una zona popular cercana a lo que hoy es La Urbina un entremés de Cervantes, con vestuario, lenguaje y modales del siglo de oro español, el público, que por supuesto no entendía lo que estaba pasando en escena, cambió los aplausos por peñonas y legumbres. Desde ahí, Santana entendió la necesidad de un teatro cercano a las necesidades sociales y eso es lo que nos ha legado.
El teatro de Santana se plantea la necesidad de la justicia social, sus personajes se enfrentan a las contradicciones impuestas por las sociedades que les rodean y luchan por liberarse de ese yugo. ¿Ideología? Toda la que pueda. Sufrió en carne viva la persecución lanzada contra los comunistas por aquellos años y eso influyó en su compromiso por la lucha social y en su propia radicalización.

Ironía, violencia y cotidianidad son elementos comunes que traslucen en piezas como “El animador”, “Encuentro en el parque peligroso”, “Mirando al tendido” o “La empresa persona un momento de locura”, títulos que la gente de Teatro Mantí ha reunido en el ciclo “Santana en cuatro tiempos” que todos los martes y miercoles a las 08:00 pm hasta el próximo 30 de junio se presenta en la Sala Experimental del CELARG, bajo la dirección de José Gregorio Cabello.

En “El animador” un joven secuestra al presidente de un canal de televisión para que le haga un programa a su medida. Ana y Pedro coinciden en un “Encuentro en el parque peligroso” al que acuden en busca de su pasado, excluidos por su presente. En “Mirando el tendido” toro y torero se enfrentan en una metáfora que habla de oprimidos y opresores; mientras que en “La empresa perdona un momento de locura” conoceremos a Orlando Muñoz, obrero metalúrgico que ha trabajado toda su vida en la misma empresa y enloquece luego de presenciar un terrible accidente laboral.
Cuatro piezas, escritas por Santana en cuatro épocas distintas pero con un sustrato común: la revisión, la denuncia, la reflexión.
Columna publicada en el diario "El Nuevo País" el 14/06/2010