lunes, 12 de julio de 2010

"Profundo, ahora sí"

Al César lo que es del César: recordarán que hace un par de columnas atrás reseñamos la suspensión intempestiva de la temporada de la pieza “Profundo” de José Ignacio Cabrujas, a realizarse en la Sala Anna Julia Rojas de la UNEARTE. Tal decisión de las autoridades universitarias desató el malestar estudiantil y sin tapujos, gran parte de la comunidad uneartista alzó su voz de protesta. En vez de cauchos quemados y camiones de harina P.A.N. secuestrados, los estudiantes tomaron el performance, la puesta en escena, los carteles, cartas abiertas y citas célebres del teatro como armas para expresar su frustración y desacuerdo.

Lo que parecía a juicio de los afectados una sordera inicial de los “chivos de arriba” (jerga estudiantil, no mía) antes sus quejas, devino en una asamblea realizada el pasado 21 de junio y en la que participaron estudiantes, profesores y autoridades; exponiendo cada cual sus planteamientos. El resultado: las funciones de “Profundo” fueron devueltas a su hábitat natural, el escenario, y completó su temporada los días 25, 26 y 27 pasados en la Sala Anna Julia Rojas.

Al final del cuento, la “falla técnica detectada a último momento”, argumento oficial de la UNEARTE para suspender la pieza, no tenía tras bambalinas más que la firme convicción de que el montaje no tenía la calidad esperada y bueno, no era deseable ponerse en evidencia, por lo que se hacía necesario “proteger a los estudiantes y a la universidad”, como se hizo público y notorio durante la asamblea. Y digo yo, esos actores, productores y diseñadores que participaron en “Profundo” fueron formados por esa misma casa de estudios que ahora considera que, aún estando en noveno semestre y listos para graduarse, no dan la talla. ¿Reflexionar o no reflexionar?, he ahí el dilema. Y una vez reflexionado, ¿accionar o no accionar?

Pero, nada, aplausos totales para el Consejo Directivo, los estudiantes, profesores y comunidad uneartista en general quienes lograron poner sobre la mesa la utilidad implacable del diálogo, la siempre infalible poción mágica del escuchar y ser escuchado. Que sirva este episodio para rescatar a tiempo la vapuleada autocrítica, pero la real, la objetiva, la constructiva; no esa acomodaticia al estilo de “es verdad, mi defecto es querer que todo salga bien, soy muy perfeccionista, ¡demonios!”.

Columna publicada el 06/07/2010 en el diario "El Nuevo País"


"Día Nacional del Teatro"

¡Felicidades a todos los hombres y mujeres de las tablas de nuestro país en esta nueva celebración del Día Nacional del Teatro! Consta en el Libro de Actas del Cabildo de la Caracas colonial, el 28 de junio de 1600 como la fecha en la que se presenta la primera solicitud para realizar una representación teatral en estas tierras. Se trataba de una comedia a realizarse el día de Santiago Apóstol. Tomando ese hecho histórico, en 1978 el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, decreta cada 28 de junio como nuestro Día Nacional del Teatro.

Se tiene conocimiento de que, aún antes de la llegada de los españoles, los pueblos indígenas desarrollaban manifestaciones proto-teatrales generalmente ligadas a la naturaleza y a sus creencias religiosas. Para ello construían una especie de tinglado en el que a través de la pantomima, la narración y el canto sólo los hombres de la tribu (la preeminencia del macho en el orden social no es exclusividad de las llamadas sociedades desarrolladas) representaban fenómenos naturales o transmitían historias sobre los orígenes del mundo. El Chamán, con sus ritos y vestimentas especiales, constituía también una forma rudimentaria, predecesora de la representación teatral. Con la llegada de la colonización, se introduce paulatinamente la concepción española del teatro hasta alcanzar su mayor auge en el siglo XVIII.

Desde 1600 hasta este 2010, el teatro venezolano, con sus altos y bajos, ha tenido una evolución que le ha llevado a ocupar un proscenio honorífico a nivel latinoamericano. Autores, actores y agrupaciones criollas han sabido ganarse un merecido espacio en nuestro continente. Sin embargo, seguimos (y por los vientos que soplan, seguiremos) luchando con, por ejemplo, la sempiterna falta de políticas culturales bien pensadas y ejecutadas, por citar sólo uno de los problemas a los que se enfrenta este vapuleado, pero sostenido arte. Sí creo que hoy hay mucho que celebrar, pero también hay mucho que señalar y rescatar. Nuestro teatro es un sobreviviente, un soldado universal que se resiste a la mengua. “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte en el que la humanidad se enfrenta a sí misma” Arthur Miller.

Columna publicada el 29/06/2010 en el diario “El Nuevo País”